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Jueves 28 de mayo de 2020

Provincias: Efecto económico de la pandemia en el interior

Sección
Integración
Fecha
22 de mayo de 2020

Juan Magliano y Marcos Ochoa*

Contexto GeneralLa economía argentina viene de cinco años continuados de recesión y parecía estar alcanzando “un piso” en el nivel de actividad al comienzo del 2020. Las expectativas indicaban una posible mejora de mediar una rápida gestión de la refinanciación de los bonos en moneda extranjera, que exhiben una alta concentración de vencimientos en el período cercano, incluyendo el año en curso.Pero la propagación de la pandemia del COVID-19 resultó más rápida de lo esperado por el área de salud del gobierno, mientras se demoró por razones desconocidas la gestión de aquélla refinanciación/canje de bonos en dólares. En tanto, a mitad de marzo surgió la necesidad objetiva de imponer un aislamiento social de alcance nacional, mientras persistió la incógnita sobre el problema de la deuda externa. La economía entonces se paralizó bruscamente con problemas concomitantes del lado de la demanda y del lado de la oferta.El mayor impacto negativo se observa en la industria, el comercio y los servicios no esenciales, que se suman al ya evidente “parate” previo de la construcción debido a la paralización de la obra pública, retracción a la que se agregó la de obra privada. Un caso aparte es el sector de combustibles, afectado tanto por la caída de la demanda interna como por el derrumbe del precio internacional.Las estimaciones acerca de la evolución del PBI señalan una retracción anual de 5,4% en el primer trimestre y una aún superior en el segundo y se proyecta una caída anual, que partiendo del supuesto optimista de paulatina normalización de la actividad en la segunda mitad del año, en el “segundo semestre”, no sería inferior al 7% y de hasta un 9/10% en escenarios menos favorables en la salida de la cuarentena por regiones y actividades y de las medidas de distanciamiento social y sin considerar un recrudecimiento de la epidemia.

En tanto, solo continuaron con cierta normalidad -no exenta de inconvenientes- las actividades no sujetas a tales restricciones, en particular las agropecuarias y las industrias y comercio relacionados con la exportación.Por lo pronto la campaña agrícola 19/20 se completa en pocas semanas más (en particular por la cosecha de soja) arrojando un resultado aceptable que puede estimarse en unos 136 millones de toneladas en granos, aunque inferior a los 141 millones de su precedente 18/19. Las pérdidas relativas se centraron en maíz y soja, con mejora en trigo principalmente. Como a pesar de la caída global del precio de los “commodities” las cotizaciones de los granos se sostuvieron, se espera mantener sus exportaciones. Además se estima un nuevo aumento (según intenciones de siembra) de la producción de trigo en la próxima campaña 20/21. Del lado de la producción pecuaria se observan cambios de dirección con mayor incógnita a futuro. A fin del año pasado se esperaba un aumento de la exportación con base en el mercado chino, pero éste se retrajo abruptamente por la pandemia. Entonces hubo cierres de frigoríficos a pesar de un consumo interno sostenido, pero ya a fines del primer trimestre de 2020 se retomaron las exportaciones a oriente y se reabrieron plantas, aunque otras todavía están a la espera. En tanto, se hizo evidente que el cierre de Europa y en particular de sus restaurantes, compromete el cumplimiento de la cuota Hilton de cortes de calidad.A esta altura cabe preguntarse cómo repercutió esta situación en las distintas regiones del país, incluyendo el problema fiscal generado del lado de la recaudación por la caída de la actividad y del lado del gasto por el mayor desempleo y la necesidad de mayores compensaciones sociales.El Impacto Según las Regiones Es bien conocido ahora que la epidemia repercutió con mayor fuerza en la gran megalópolis argentina, es decir el conjunto Ciudad de Buenos Aires-Gran Buenos Aires, que concentra un 93% de los casos totales (población infectada), área seguramente más expuesta al intercambio con el exterior, con un problema adicional por la dificultad en instrumentar un aislamiento social en zonas del conurbano y en villas citadinas. En el interior del país la única excepción marcada se dio en Chaco, por un problema de flexibilidad o relajamiento de controles, que se habría corregido, y muy recientemente en Misiones por ingreso de repatriados de Brasil. En el interior en general y en particular donde no encontramos grandes ciudades, el contagio fue reducido e incluso hubo provincias que registran cero casos (Catamarca y Formosa) y otras (San Luis, La Pampa, Jujuy) ninguno desde hace semanas. Dentro de las grandes urbes Rosario dio una nota positiva por el bajo nivel de propagación, cuya causa analizan los sanitaristas.Una primer visión del impacto del aislamiento social la encontramos en los registros de movilidad de personas de Google, que señala que la misma se redujo menos en el trayecto a lugares de trabajo en el NOA y NEA y más en la región central del país, CABA; Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, donde a la vez se registra el mayor aumento de la estadía poblacional en el lugar de residencia y su cercanía. Una posible explicación de estas conductas podría encontrarse en el grado de participación de la actividad primaria (rural o minera en algún caso) en el total de la producción frente a aquéllas con mayor presencia relativa de las actividades secundarias (industria, construcción, energía).El aislamiento propagado a todo el país afectó severamente a todo el sector de servicios, marcadamente comercio no alimentario, restaurantes, hoteles, turismo y actividades independientes, ya fueran o no técnicas y profesionales, cuentapropismo, changarines, etc. comprometiendo la cadena de pagos, y perjudicando el nivel de empleo. Cabe destacar que mientras el problema de servicios, casas de comida, comercios, etc. repercutió en todo el país por igual, la cuestión del turismo se vuelve más crítica en provincias que lo cuentan como un factor importante de sus ingresos, donde encontramos, además de las sierras cordobesas y puntanas y de la playas de la costa bonaerense, que experimentaron una buena temporada estival (si bien se vieron muy afectadas en Semana Santa por el inicio de la cuarentena), centros vacacionales en toda la Patagonia, en Mendoza en el NOA y en Misiones. Lamentablemente es ésta una actividad (incluyendo además hotelería y casas de comida) que deberá esforzarse notablemente para definir futuros protocolos que le permitan reabrir puertas, sin llegar por ello a los niveles de ocupación históricos.Otro signo del daño provocado por la semi-paralización de casi todas las actividades (excepto las rurales) se reflejó en la caída de la demanda energética y al mismo tiempo en el aumento notable de la morosidad en el pago de facturas del servicio, al punto que las grandes empresas distribuidoras trasladaron esa mora al pago a las generadoras a través de CAMMESA. Igual situación se registró en las cooperativas, caso de Chubut, que quedaron también sin capacidad de pago.La consecuencia directa de los problemas de oferta fue la pérdida de trabajos, el retraso en el pago de salarios y la negociación de rebajas y pagos parciales en el sector privador y también en algún caso, en el sector público.Un claro ejemplo de esta coyuntura la encontramos en el sector petrolero que disminuyó su producción dentro de los límites técnicos admitidos, no obstante lo cual por exceder la extracción la demanda, debió agotar su capacidad de almacenamiento saliendo a buscar –dentro de la crisis global- mercados de exportación para los excedentes. La caída de precios y la pérdida de regalías trasladó parte del problema a las provincias petroleras que cuentan con ese fuente de ingresos, particularmente las patagónicas (Neuquén, Santa Cruz, Chubut, Río Negro y Tierra del Fuego) y Mendoza. Los gremios por su parte negociaron recortes de horas y remuneraciones.En el caso del gas también disminuyó la extracción, mientras que los productores de Vaca Muerta están evaluando como alternativa a la menor demanda, la exportación a Chile, que podría constituir una salida a mediano plazo.La Cuestión Social y el Problema FiscalEl daño directo e indirecto a las fuentes de trabajo exigió una política estatal compensatoria. Encontramos allí las prórrogas de pago de impuestos a Pymes y de cargas sociales, los créditos blandos para el pago de salarios a las empresas de menor envergadura a cambio de ciertos compromisos a futuro para evitar o al menos limitar el desvío de los fondos, la prohibición de despidos y el otorgamiento del Ingreso Federal de Emergencia (IFE) de $ 10 mil a cada nuevo desocupado, incluyendo en cualquier caso a los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo (AUH) o bien de la Asignación Universal por Embarazo (AUE). Se solicitaron en abril más de 11 millones de subsidios de los que se otorgaron 7,8 millones, aunque en mayo a esa ayuda IFE se la haría todavía más flexible para extender sus alcances a más individuos.La distribución del IFE pagado en abril en términos de subsidios por habitante exhibió un comportamiento similar al de la distribución de los índices de pobreza por región, con mayor incidencia entonces en términos de relación población subsidiada/población total, en las provincias del NEA y NOA y menor en CABA, Patagonia y centro del país.A su vez, esas provincias norteñas son las que más dependen en sus ingresos fiscales de la coparticipación federal de impuestos y otros aportes del Tesoro Nacional, por ser la que poseen una menor proporción de recursos propios. Como la transferencia de recursos desde Hacienda a las provincias cayó en términos reales según los casos entre un 20 al 16% en abril y entre un % 9 al 12% en el cuatrimestre, cabe colegir mayores apuros en los tesoros provinciales más dependientes (Santiago del Estero, Formosa, La Rioja, San Luis, Jujuy). Algunas administraciones registran además una forma de “doble dependencia”, ya sea porque perdieron ingresos reales por regalías de combustibles (petróleo y gas natural), que es el caso de todas las de la Patagonia; ya sea por la menor recaudación previsional cuando cuentan con cajas propias para el pago de las jubilaciones del personal de la administración pública provincial, casos de nuevamente las de Patagonia (excepto Río Negro), centro del país y del litoral. Como vemos en la práctica, en algún caso, el impacto negativo sobre los recursos de una provincia resulta “triple”, por caída de coparticipación y por pérdida de ingresos previsionales (por mora) y de regalías.No extraña que como ejemplo de ese múltiple impacto fiscal negativo, Chubut haya incurrido en mora en el pago de salarios de la administración. Varias provincias transfieren parte del problema de menores recursos a su propia coparticipación con los municipios, que caen en su propia demora en los pagos de remuneraciones y de proveedores, por ejemplo varios en la Patagonia (Santa Cruz, Chubut, Río Negro,), y eventualmente apelan a nuevas fuentes de recursos y en otros casos al otorgamiento de moratorias de sus gravámenes locales.Por el momento si bien se ha observado la aplicación de diversas flexibilizaciones para el pagos de los contribuyentes, solo los gobiernos de Santa Fe y Neuquén asumieron un rol más activo en términos de paliativos fiscales, mientras San Luis extendió hasta julio próximo el plazo para acogerse a su plan de regularización de deudas anteriores a 2020.Las Producciones RegionalesAsí como la parálisis del comercio, la industria y la construcción constituyó (con la excepción de sectores de alimentación) un fenómeno transversal en todo el país, el impacto en actividades locales exige una visión caso por caso. En principio en su mayoría esas producciones tienen base agropecuaria, si bien están complementadas por procesos industriales, de los que en su mayoría no obró prohibición para su desempeño. Pero igual registran otros problemas.Con carácter general, en cuanto esas producciones regionales cuentan con una participación importante de las exportaciones en su demanda, el impacto mundial de la pandemia las afecta, o amenaza con hacerlo. Además al igual que la exportación tradicional de granos, están soportando problemas de logística de distinta índole. Lo más conocido es la prohibición de paso de transporte de cargas en diversas rutas y accesos por parte de provincias (notablemente San Luis que impuso severas restricciones), o bien por municipios. La Cámara de Puertos Privados en unión con las de Cereales ha denunciado decenas de casos (nombre por nombre) de municipios en varias provincias que impiden o limitan severamente el transporte de cargas. Los consecuentes desvíos y demoras implican obviamente mayores costos.Otro problema logístico relacionado con los cultivos regionales es la dificultad para la obtención de mano de obra en tiempo de cosecha, fenómeno expresado recientemente por la olivicultura (San Juan, Catamarca, Mendoza y La Rioja, principalmente) y semanas atrás por la cosecha de cítricos (Entre Ríos). Otras actividades rurales tuvieron mayor suerte al completar su ciclo anual antes del aislamiento social (vendimia y zafra lanera, por ejemplo). La dificultad opera primordialmente por la reducción de la movilidad poblacional, pero también por la limitación de subsidios extraordinarios a situaciones desempleo extremo que desalientan el trabajo estacional.Otras producciones se desarrollan con mayor normalidad pero con demoras, como la yerba mate que administra un protocolo de distanciamiento, etc., situación que implica mayores costos y también menores rindes producto del retraso. El tabaco (Tucumán, Salta, Jujuy) se ve afectado en su campaña, ahora en plena etapa de cosecha, por el cierre de las plantas de cigarrillos, hecho que ha desabastecido los grandes centros de consumo. La producción lanera (principalmente Patagonia con Chubut a la cabeza) y la de algodón (Santiago del Estero y Chaco, en menor medida Santa Fe), aquí también en plena recolección, se ven afectadas por la escasez de crédito, sea de prefinanciación de exportaciones, ya sea a cosecha.Otro problema critico en general es la amenaza de caída del consumo mundial en virtud de la alta dependencia de la exportación porque llega a constituir un alto porcentaje de la demanda total; entre un 80 a 90% en casos como tabaco, té, lanas, limón y jugo de limón; porotos, aceite de oliva; más del 50%, en pesca, algodón, frutas del Alto Valle, otros cítricos, frutas finas, o bien porque encuentran históricamente en la venta al exterior un complemento necesario, yerba mate, papa, vinos y productos de la vid, azúcar y etanol (de caña o de maíz); o porque requieren desagotar stocks, como es el caso de los productos lácteos.

La principal compensación ya otorgada para este conjunto de problemas, que implican mayores costos y mercados externos menos receptivos, la constituyó la reciente reducción (en febrero) de los derechos de exportación de los productos regionales, que fueron llevados al nivel del 5%, excepto el 7% para productos de la pesca.Lógicamente los productores y algunos gobiernos provinciales abogan por una reducción a cero, aunque podría no ser suficiente, en virtud de lo que se suele denominar el “retraso cambiario”, no tanto respecto de la evolución inflacionaria, sino de los costos de los productores y, en particular, del tipo de cambio de equilibrio para un país con un severo déficit del sector externo.El Doble Valor EstratégicoDos apreciaciones surgen del cuadro anterior. En primer lugar, que estas producciones regionales tienen un tremendo impacto ocupacional en sus lugares de desarrollo, en los que por distintas razones y con algunas excepciones, existen problemas de pobreza y desempleo estructurales.Va de suyo que los problemas que las afectan tienen consecuencias directas sobre tales indicadores sociales. Y estos puestos de trabajo, deben ser resguardados. Tan solo en los casos consignados suman cerca de 600 mil, sin considerar empleos indirectos aunque incluyendo trabajadores transitorios. Es bien cierto que las medidas de aislamiento y distanciamiento sociales surgieron de necesidades objetivas, pero los gobiernos deben hacer lo posible para paliar el impacto de la pandemia y no ignorar sus consecuencias socio económicas.En segundo lugar, es bien claro que el país deberá vivir escaso de crédito externo por largo tiempo, ya fuera que el canje de la deuda pública en moneda extranjera cierra o no el 22 de mayo, o en la futura fecha que se pudiera acordar mediante un procedimiento “standstill”, en suma con default o sin él. Y en ese escenario futuro deberá hacer frente a sus compromisos externos, como mínimo para pagar sus importaciones, posiblemente también para acrecentar sus reservas en divisas, ahora al borde de la exhaución, y asimismo -de ser posible- pagar servicios de distinto carácter, tales como los vencimientos de deudas con organismos internacionales. Ese complejo panorama del sector externo tiene como principal vía de solución un fuerte superávit de comercio exterior, de modo que todos los productos que generen divisas cuentan, son importantes, y no sólo los de la pampa húmeda. Más todavía es así cuando resultan “naturalmente” competitivos en el orden mundial. Y los aquí considerados son competitivos a largo plazo y sumaron colocaciones al exterior por más de USD 7.400 millones en 2019, es decir más del 11% del total de las exportaciones del período.Defender el ingreso de esas divisas, además de los puestos de trabajo involucrados, implica la adopción de una política cambiaria más activa, incluso más que la simple reducción/eliminación de retenciones, lo cual ya debería considerarse atendiendo a la enorme brecha existente entre los tipos de cambio oficial y el libre o “paralelo”Por último, también cabría esperar una actitud también más proactiva del gobierno central para establecer un protocolo sanitario de consenso para el transporte carretero y así desbloquear los conflictos de circulación que obstaculizan o cuanto menos complican la logística, entendiendo el deseo de los gobiernos locales de tomar medidas sanitarias de protección. Que la producción local no pueda transportarse por el país para llegar a los puertos y centros de consumo no es una cuestión menor que deba resolverse solo con el paso del tiempo.

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