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Miércoles 26 de junio de 2019

El contrato social

Sección
Opinión
Fecha
5 de abril de 2019

Diego Lo Tártaro

La historia es la narración de lo acontecido en el pasado, ella nos permite analizar el presente y prevenir o vislumbrar el futuro y en ciertos aspectos y circunstancias cumple la función que en muchas civilizaciones desempeñaron los Concejos de Ancianos que llenos de sabiduría y colmados de experiencia permitían advertir y aleccionar a la comunidad de acciones o errores propios de la inexperiencia, la ignorancia, el egoísmo, la soberbia o la terquedad, ahora bien ¿Por qué hago esta particular visión y comparación de la historia? y ¿Cual es mi propósito?

Los argentinos hace ya varias décadas que perdimos el rumbo, pero peor aún corrompimos nuestras instituciones y destruimos sus estructuras, pero todavía más distorsionamos y falseamos la historia, esto nos dio por resultado crisis recurrentes y una constante decadencia de la que no sabemos encontrar su solución.

La primera mitad del siglo XX con sus dos grandes conflictos bélicos de alcance mundial provocaron cambios en todos los aspectos que hacen al comportamiento y pensamiento de la sociedad, que antes durante siglos y lentamente el hombre iba incorporando a su cultura, la magnitud de estos acontecimientos acelero inimaginablemente estas transformaciones, quienes con más claridad y sabiduría supieron advertir y adaptase a los nuevos tiempos fueron los EE.UU. que simultáneamente a los mismos fueron cambiando sus políticas, esto se advierte con mayor evidencia cuando a comienzos de siglo crecieron fronteras adentro, luego de la segunda guerra mundial se transformaron en el mayor imperialismo del mundo con imagen democrática en contraposición de la Unión Soviética que fue un conquistador imperial y dictatorial..

Nosotros a fines del siglo XIX y comienzos del XX tuvimos una generación iluminada de políticos que advirtieron con inteligencia y sagacidad los cambios que el desarrollo del mundo imponían y así de esta forma ocupamos los primeros lugares entre los países más ricos y resultamos potencialmente tan atractivos al mundo inversor. Luego quizás como consecuencia de la pereza que da la riqueza actuamos con comodidad, indolencia, lentitud y despreocupación, sumando la lejanía geográfica de los centros de decisión y poder, tratamos a destiempo de ir adaptándonos a los cambios que el mundo aceleradamente generaba e imponía. Con Perón durante las décadas del 40 y 50 llevamos a cabo y tratamos de instrumentar políticas que eran las que habían llevado al mundo a la última conflagración mundial: el fascismo, en los 70 se trato en forma cruenta de importar lo que Castro en Cuba había comenzado a fines de los 50, con funestos resultados para su pueblo y otros a quienes quiso exportar su revolución, a comienzos de este siglo nosotros nos cerramos al mundo cuando el mundo se abría al libre mercado y levantaba sus barreras aduaneras, ahora estamos abriéndonos y entregándonos cándidamente y sin los mínimos resguardos estratégicos en los brazos del libre mercado, cuando EE.UU. y los países centrales cierran selectivamente sus fronteras a la competencia externa. Evidentemente por imprevisión, y carencia de proyectos a lago plazo vamos corriendo detrás de los acontecimientos y siempre llegamos tarde y así nos alcanzan las crisis que terminaron convirtiéndonos en decadentes.

La crisis que hoy con tanta dureza nos golpea debe llevarnos a la reflexión y meditar donde estamos y donde queremos ir, las circunstancias y el momento son los oportunos para conciliar el rumbo, debemos vencer nuestras actuales tribulaciones, no debemos bajar los brazos, se impone la templaza y el coraje, para ello debemos curar las viejas heridas que nos separan, en definitiva debemos unirnos, debemos buscar la forma de consensuar ideas, objetivos y propósitos comunes que nos lleven a retomar el camino correcto es decir, transitar un camino común en la búsqueda del bien común materializándolo a través de un Contrato Social. Diferentes pensadores durante siglos hablaron e interpretaron un contrato social que armonizara la convivencia ordenada de la sociedad, esto es lo que expresa en su obra el “El Contrato Social” Jean Jacques Rousseau que tanto influyo en el pensamiento de la Revolución Francesa, estos mismos principios conceptualmente fueron los que llevaron al mundo a la creación en 1945 de la ONU, esto es lo que en España luego de la dictadura de Francisco Franco los españoles acordaron con el Pacto de la Moncloa, esto es lo que hoy las circunstanciaos nos imponen a los argentinos, esto es en definitiva lo que un Juan Perón aggiornado, experimentado, ilustrado y despojado de su antiguo autoritarismo en su tercera presidencia busco infructuosamente y advirtió: “A esto lo arreglamos entre todos, o no lo arregla nadie”.

Pues bien serenemos los espíritus, recapacitemos y actuemos con sensatez y sabiduría, acudamos a la historia y refresquemos la memoria y así podremos aunar pensamientos y objetivos comunes, actuemos mancomunadamente en el logro de estos propósitos, depongamos posiciones e intereses personales a favor del bienestar común solo con inteligencia y grandeza de espíritu lograremos emerger de la oscuridad en que nos encontramos, que nos ciega y destruye.

* Presidente de IADER

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